ADOLFO CÁCERES ROMERO, DOCENTE UNIVERSITARIO

junio 12, 2024

Escrito por UMSS

René Rivera Miranda es escritor y docente universitario

Foto: Adolfo Cáceres Romero, docente, poeta, literato.

Vivimos en un país plagado de problemas económicos, sociales y políticos.  Parece la madeja de Medea que nunca podemos llegar a la punta del ovillo y poder resolver, aunque parcialmente, algunos problemas.  Nos han contado que está tan mal nuestro país, que acabamos creyendo que está todavía peor.  Por ello la literatura no es un escape a los problemas que todos tenemos, sino más bien es el bálsamo que nos indica que no todo está mal, que todavía queda la esperanza de un mundo mejor.

Recordando a Borges, en el prólogo de La cifra, dice que hay dos clases de escritores, los que piensan por imágenes y los que piensan por abstracciones. Los primeros, son los poetas y literatos; los segundos, los filósofos poetas. Ambos nacen del género primigenio, como es la poesía. Lo curioso de esta clasificación peculiar es que todos los escritores que escriben ficción pertenecen al mundo de la imaginación y los que reflexionan sobre el texto escrito a los abstractos, en la taxonomía borgeana.

En Bolivia pocos escritores de dedicaron de lleno a la vida literaria. Existen escasos ejemplos para señalar. Es difícil dedicarse de lleno a un oficio si este no reporta ingresos económicos en el corto plazo, más aún si el escritor tiene familia y debe trabajar para mantener a los suyos. Si esto lo aplicamos a la obra de Adolfo Cáceres Romero, tendríamos tres caminos que ha recorrido en su trabajo literario, un trabajo en la investigación literaria y el ensayo, el del creador literario y el impulsor de nuevos escritores, una labor pedagógica, de docencia universitaria.

Apuntes biográficos

Adolfo Cáceres Romero nació en la ciudad de Oruro, el 27 de septiembre de 1937 y murió el 8 de diciembre de 2023. Profesor de Lengua y Literatura españolas, realizó estudios de especialización en Montevideo y Madrid. Fue Decano de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación de la Universidad Mayor de San Simón (1979), donde dictó las Cátedras de Lenguaje y Redacción, fue docente investigador del Instituto de Investigaciones de dicha Facultad. Asimismo, fue director del Colegio Nocturno “Jesús Lara”.

En 1988, la Alcaldía Municipal de Cochabamba lo distinguió con el título de “Ciudadano Meritorio”; en 1990, el Supremo Gobierno le otorgó la  Gran  Orden  Boliviana  de  la  Educación,  en  el  grado  de Comendador. En 1995, al participar de la Sexta Feria del Libro y encuentro de Artistas Visuales de Providence, Rhode Island, el Ayuntamiento de dicha ciudad norteamericana lo distinguió con las llaves de la ciudad y la nominación de “Citizen Citation”, presentando en esa feria el tercer volumen de su Nueva Historia de la Literatura Boliviana, en forma primicial. En 1999, los Clubes del Libro de Bolivia le otorgaron la medalla al Libro de Oro. El 2015, La Cámara Departamental del Libro de Cochabamba, le otorgó un reconocimiento como escritor del año, en el marco de la IX Feria Internacional del Libro, por su labor literaria. En mayo de 2019, la Universidad Mayor de San Simón le entregó el máximo reconocimiento de esta superior de estudios: El Doctorado Honoris Causa.

Adolfo Cáceres Romero fue un gran intelectual comprometido con el país: primero, por su labor de historiador de la literatura boliviana; segundo, por su labor de crítico literario e impulsar la labor de nuevos escritores y, tercero, por su gran obra de creación literaria. Por ello consideramos que ha recorrido tres caminos: el primero, pensar por abstracciones y, el segundo, pensar por imaginación y finalmente, el legado que nos deja como escritor e intelectual comprometido con el quehacer histórico, cultural, educativo y literario del país.

Primer camino: Pensar por abstracciones: el camino de la investigación

En un informe de Desarrollo Humano, hace algunos años, leí que la mayor carencia que tenemos en el país no es de más dinero, de más educación, de más trabajo, de más salud, de más tecnología, sino que la carencia mayor en Bolivia es de autoestima.  El boliviano no se siente orgulloso de pertenecer a su tierra, no encuentra demasiados motivos para sentirse parte de su terruño.  Si revisamos la historia, en nuestro haber tenemos más derrotas que victorias bélicas, de hecho, las grandes guerras las perdimos todas; en el aspecto deportivo no nos destacamos ni somos un referente mundial, basta ver los partidos de nuestra selección y esperar hasta el otro día el desastroso resultado para ver como iniciamos una nueva jornada con ese dejo de amargura al saber que nos sabíamos perdedores, incluso antes de empezar el partido.

Esta tradición se remonta al siglo XIX, la negación de nuestra cultura y de nuestra literatura, viene de la mano de Rosendo Villalobos y Juan Francisco Bedregal, quienes estudian solo a unos cuantos escritores dejando de lado a otros.  En 1943 Enrique Finot publica Historia de la Literatura Boliviana, que tuvo muchísimas ediciones posteriores.  En este libro el autor niega la existencia de una literatura nacional y subestima en demasía las publicaciones de sus connacionales. Después tenemos a Fernando Diez de Medina, quien, en su Literatura Boliviana, de 1963 se pregunta si es lícito hablar de literaturas nacionales en Sudamérica.  Luego añade una falta de originalidad en el escritor boliviano y arguye: ‘’El escritor sudamericano, pobre en ideas y en cultura escaso, cubre su desnudez con la vegetación verbal: habla, pinta, gesticula, grita.  No ha dicho nada”.  Lo dice un exministro de educación de varios gobiernos y principal impulsor de la Ley de Educación en 1955.  Dentro de la misma línea, en la década del 60, Edgar Ávila Echazú, publica Resumen de la Literatura Boliviana, donde, una vez más, niega la literatura boliviana.  Finalmente, Pedro Shimose, poeta ganador en 1972 del importante premio Casa de las Américas, en un polémico artículo publicado dice que no existe literatura boliviana y busca argumentar para refrendar esta atrevida aseveración.

Después de tantas historias literarias, surge la pregunta, ¿Para qué una nueva historia de la literatura boliviana? ¿Será necesario repensar nuestro pasado y remover los cimientos ancestrales de nuestros orígenes? Definitivamente, creo que sí, es necesario volver a las raíces y reencontrarnos para valorarnos mejor.  Y de eso, precisamente, se trata esta nueva historia de la literatura boliviana, escrita por Adolfo Cáceres Romero. Esta historia de la literatura boliviana comienza antes de la llegada de los españoles, es necesario resaltar que antes de la imposición de la lengua castellana existieron otras culturas ricas en saberes populares y en tradiciones y leyendas que se fueron transmitiendo de manera oral y que todavía hoy se conoce de esta manera.

Adolfo Cáceres Romero escribió cuatro tomos de esta historia de la literatura boliviana con el ingrediente de buscar lo más valioso entre nuestros escritores y resaltar los aspectos positivos de cada uno de ellos, más allá de la obtención de premios literarios o la publicación en editoriales extranjeras. Pero no solo publicó esta historia, sino también diccionarios, traducciones y antologías diversas. Así tenemos; De la Nueva Historia de la Literatura Boliviana (cuatro volúmenes: 1987-1990-1995- 2012), Diccionario de la Literatura Boliviana(3ra edición 2009) y Manual Práctico de Lectura y Redacción(10ma edición 2017); Poésie Bolivienne du XX Siécle(antología bilingüe: francés español, de la poesía boliviana, 1986); Poésie Quechua en Bolivie(antología trilingüe: quechua, español, francés, de la poesía quechua boliviana, 1990); Poesía Quechua del Tawantinsuyu(estudio y antología, 2000); Narrativa Quechua del Tawantinsuyu(estudio y antología, 2006); Cuentos extraordinarios de Bolivia (antología realizada con Homero Carvalho, 2017). Textos literarios fundamentales (2020).

Pero esta solo una faceta de este prolífico escritor, la faceta de investigador y crítico de nuestra literatura.  Es el aporte de un boliviano comprometido con su país, de alguien que hace patria desde el escritorio donde piensa, reflexiona, cuestiona, investiga, escribe y aporta al desarrollo nacional con su trabajo intelectual.

Segundo camino: Pensar por imágenes: el camino de la creación

Hace algo de 25 años leí un cuento que decidió definitivamente mi pasión por las letras.  Titulaba “La emboscada” y su autor era boliviano.  Mientras estudiaba Filosofía en la UCB decidí al mismo tiempo estudiar Lingüística e idiomas en la UMSS porque allí había dos excelentes escritores: Gaby Vallejo Canedo y Adolfo Cáceres Romero.  Allí pude conocer por primera vez al autor de este fabuloso cuento.  Me asombró la sencillez de su vida y la convicción de su labor de escritor.  Después leí La hora de los ángeles que la UMSS publicó en su fondo editorial; luego, Los golpes. Mi gusto por la literatura de este escritor se incrementó cuando leí las novelas La mansión de los elegidos y Las víctimas.

Luego noté que se alejó de la creación literaria –para sorpresa de muchos de nosotros-, porque se dedicó a investigar nuestras letras bolivianas y a resaltar todos los valores que pudo encontrar en sus páginas literarias.  Felizmente regresó con otro maravilloso cuento, titulado “El último kipukamayo”, ganador del concurso nacional de cuentos “Adela Zamudio”.

Este regreso al cuento también fue un regreso a la novela. Los libros que publicó en este género narrativo son: La mansión de los elegidos (1973), Las víctimas (1978), La saga del esclavo (2006), Octubre negro (2007), El Charanguista de Boquerón (2009), La División errante.1879-1880 (2017) y La tierra sin mal. Epopeya del último colorado en la Guerra del Acre (2019). Todas son novelas de excelente trama y no mejor construcción estilística, obras fundamentales de nuestra literatura boliviana.  También tuve el privilegio de publicar un magistral libro de cuentos, esta vez yo como director ejecutivo de la Editorial FE DE ERRATAS, titulado La guerra del agua.  Este libro fue un best seller no solo por la temática sino también por la excelente manera de contar varios conflictos bélicos que sucedieron en Cochabamba, cuando tuvimos la primera guerra del futuro, que dicen será por el agua. Los libros de cuento que publicó Cáceres Romero son:  Galar (1968), Copagira (1975), Los golpes (1983), La hora de los ángeles (1987), Entre ángeles y golpes (2001), Cinco noches de boda (2009) y El despertar de la bella durmiente (2009), La Guerra del Agua (2012), El puente de los suicidas (2015), La madre del layme (2017), además Ingavi, por siempre (2018), cuentos de Bolivia desde los tiempos míticos.

Tercer camino: Pensar en la vocación: La docencia universitaria

El nacimiento es un accidente geográfico en la vida de las personas, pues aunque Adolfo Cáceres Romero sea orureño de nacimiento, fundamentalmente es cochabambino por decisión propia.  Y eso es lo que cuenta.  En esta tierra ha dado lo mejor de sí, esta tierra vio nacer lo mejor de su obra, y también a toda su familia.

Pero Cáceres Romero también es profesor, un profesor poco inusual, que combina el saber con el buen humor, haciendo de sus clases salones interesantes y atrayentes para el estudiante que desea aprender y donde el profesor coadyuva a esa labor.  Una clase donde el estudiante pierde la noción del tiempo por la excelente labor de quien está –no enseñando, sino compartiendo el saber con el que desea aprender; es decir, volviendo a las raíces del aprender primigenio, donde el maestro y el discípulo compartían de manera horizontal el aula y departían no solo conocimientos, sino también actitudes y valores.

Tuve el privilegio de tener como docente universitario al Dr. Adolfo Cáceres y la verdad que gran parte del estímulo literario para seguir mi carrera de escritor se la debo a él.  Y tantos otros escritores que siguieron el camino de las letras, encontramos en Adolfo Cáceres el afectuoso y sabio consejo que anima a seguir adelante, y no la crítica despiadada de algunos pseudoescritores que se deleitan con los equívocos de quienes están empezando y, en vez de alentar a seguir ese camino, más bien lo denostan y obstaculizan poniendo más piedras al vacilante andar de los principiantes.  Cáceres Romero hizo lo contrario, siempre contamos con la mano amiga y el paternal consejo de un viejo orfebre de las palabras, que con mucha sapiencia y firmeza –eso sí, decía dónde estaba el error e inmediatamente buscaba una solución.  Por eso Cáceres Romero no solo es un gran profesor universitario, sino un verdadero maestro, en todo el sentido de la palabra.

El legado de Adolfo Cáceres Romero

Finalmente, ¿Qué deja Adolfo Cáceres Romero para la posteridad? ¿Cuál es su aporte a la literatura boliviana? Decía Borges -siempre Borges en mis citas-, que Quevedo no era solo un escritor, era una literatura. Podemos decir lo mismo de Adolfo Cáceres Romero, no solo es un escritor que trabajó en diversos géneros, sino fundamentalmente es una literatura fuerte, lozana, diversa; es decir, es un escritor que ha dedicado su vida a leer libros, comentar libros, corregir libros, escribir libros y, principalmente, motivar a que todos los escritores sigan esa senda de amor hacia lo literario.             

Su labor es de un constante escritor comprometido con el quehacer cultural y educativo del país, un escritor que ha estudiado nuestra literatura, ha investigado a profundidad a sus escritores y sus obras y le ha dado un nuevo rostro a literatura boliviana, poniéndole en el sitial que merece, no por un chauvinismo sectario, sino por el rigor del estudio y por la calidad literaria que describe en sus investigaciones.

Esa es la literatura de Adolfo Cáceres Romero, el pensamiento y la narrativa, la imaginación y la abstracción, mejor dicho, es el mejor símbolo de la literatura boliviana. Ese es el Adolfo Cáceres Romero que Bolivia siempre llevará en el corazón y recordará que la literatura boliviana, a partir de su legado, cobró mayor valor e importancia en el contexto internacional.